Nalani con la mirada neutra se despedía de Toahi –Mañana estarás de vuelta- le dijo la pequeña emperatriz.
-¿Cómo se supone que voy a volver si no tengo mi dragón ni mis cosas?- Preguntó en tono molesto después de un rato.
-No son necesarias tus inútiles cosas- respondió Toahi secamente. Estaban hablando en un cuarto demasiado ostentoso para una muerta viviente, en medio de este había una cama en donde fácilmente cabían tres o más. Había cojines y amuletos por todas partes –Que ganas de robarme uno- pensó olvidando que Toahi oía perfectamente lo que pensaba.
-Toma el que quieras, será un regalo. Todos los que están aquí son de protección; algunos mejores que otros, claro pero tu jamás sabrás distinguir lo fino y puro de lo barato y mal hecho- sonrío maliciosamente. Nalani no respondió a este ataque a su ego, pues ego no tenía, era cosa de seres vivientes, y no cosa de medios muertos como ella. Barrió con la mirada los estantes y paredes por las cuales se extendían millones de amuletos, fijo la mirada en uno, era una piedra blanca, adornada por cuatro hilos finos de plata que daban vueltas y se torcían hasta terminar en un broche, la piedra tenía 8 gemas de un tono rosa suave, y en medio una gema grande también rosa pero más fuerte, casi rojo –Este quiero- lo tomo en sus manos, no se lo puso, sino que sólo lo guardo en su bolsillo derecho. Toahi estaba furiosa, era una de sus mejores, cosa de suerte pensó, le había costado tanto conseguirla.
-Nalani, antes de que vayas a dormir necesito pedirte un favor, es un asunto serio.
-Yaa… eh mira no sé si pueda cumplirlo, pero por haberme dado el amuleto creo que bueno al menos lo intentaré, ¿Qué quieres tú una poderosa emperatriz de todo Lolughet que haga una ladrona y asesina muerta viviente como yo?- dijo sin pensarlo mucho, Nalani disfrutaba de las pequeñas venganzas.
-Es un asunto complicado yo no puedo salir de Lolughet, ese es el trato que hice con la vida al nacer, y aquella niebla que vez en los montes, no es sólo por la pena que siente hoy la naturaleza, sino que alguien la ha corrompido, me han llegado mensajes de diversas partes, la niebla por primera vez ha atravesado los montes, está bajando hacía kenshis, según mi chamán pretende ir a Alexandria, digamos que la niebla quiere vengarse. Y… está volviendo trastornada a la gente que es atrapada por ella.
Nalani tenía ganas de reír, parecía una broma, la niebla acaso ¿tenía actitud y pensaba por si misma? Algo raro le había revuelto las tripas cuando la vio por primera vez, pero de ahí a pensar que tenía mente propia era…
-Ya lo comprobarás, por lo menos necesito que te dirijas a Kenshis y hagas lo que te pido- Toahi le pasó un capuchón, parecía de monje, era negra bordada en algunos lugares con hilos azul oscuro, le quedaba un poco grande, pero así se cubría su rostro y su pelo, especial para que no la reconocieran, justo ahora que la andaban buscando ¿A caso Toahi lo sabía? ¿Cuánto tiempo ha pasado?¿Aún la buscaban o la habían dado por muerta?
Toahi le dio indicaciones del lugar en especial que quería que se dirigiera en Kenshis, este no era muy grande, pero aún así había un lugar oculto, donde sólo podían ir aquellos con misiones importantes. Le paso un libro, y unas especies de dinamitas, sólo que estas, le explicó la emperatriz, soltaban humo, que tal vez podría detener un poco la niebla, su misión principal era encontrar al causante de la corrupción de la niebla (y por supuesto matarlo), de seguro se encontraba en Alexandria. Ella entonces luego de Kenshis debía ir hasta allí.
Cuando Toahi se marchó, Nalani cayó rendida en aquella cama, estaba incomoda, prefería dormir en el suelo con las colchas, pero antes de que pudiera pararse había caído en un profundo sueño, donde una especie de espíritu negro se convertía poco a poco en el rostro de una mujer, era una mujer hermosa, tenía la piel negra y lisa, sus ojos eran cálidos, a Nalani le recordaron un atardecer, le sonreía, y empezó a decirle cosas que no alcanzó a oír, se sentía embrujada por la calidez de aquellos ojos, sólo una cosa estaba clara, ella era La Gran Madre.
Cuando Nalani se despertó, no daba a crédito a sus ojos, estaba apoyada en su dragón, junto a sus cosas, pensó que todo lo había soñado, hasta que notó que llevaba puesto el capuchón. Estaba cerca del bosque de Fandil, en realidad se encontraba muy cerca de la entrada, sólo que no la alcanzaba a ver porque ella al parecer había estacionado a Dord en medio de matorrales. Observa los enormes montes, al otro lado debe estar Lolughet, pero están al menos a dos semanas, ¿Cómo llegó ella en una noche?
-Dord, despierta ¿Qué ha pasado?
-Aaaah al fin has vuelto yo pensé que me habías abandonado- Dijo en una especie de rugido Dord, hinchando sus fosas nasales y oliendo a Nalani.
-¿Dord qué fue lo que pasó?- Pero el dragón no respondió, era normal a Dord le cargaba hablar.
Tómo su pequeño bolso, ahí se encontraba el talismán verde, se lo colgó el cuello y guardo el talismán de piedra blanca “demasiado llamativo”. Divisó la niebla, las mariposas ahora parecían polillas, revoloteaban un poco y luego se extinguían hechas polvo.
-Vamos Dord, a Kenshis- Se subió a su pequeño dragón, lo abrazó. Con aquella capucha no se notaba que era mujer, lo cual le parecía beneficioso.
jueves 10 de diciembre de 2009
Adios Lolughet
domingo 6 de diciembre de 2009
Krenor y Nalani
Nalani estaba por ser liberada, ya había tenido la cena de “recibimiento” con Toahi, le explicó muchas cosas, excepto del motivo por el cual la habían traído, La emperadora le respondió que eso sólo lo sabía La Gran Madre, y que seguramente era porque tenía algo que aprender. La no viviente había comido con gran avidez, Toahi perpleja y asqueada de su falta de modales le preguntó -¿No era que los No vivientes coméis sólo para no podrirse y no por hambre?-
No hubo respuesta, ni ella misma lo sabía.
Todo ocurrió una tarde normal en la capital de los humanos que estaba ubicada en Filicia, esta ciudad es perteneciente al lado de los oscuros. Los humanos son seres extremadamente trabajadores y obsesionados con cosas inútiles, generalmente no se llevaban muy bien con los que no son de su raza ya que se creen los dueños y únicos en el mundo. Nalani, que en el tiempo en que ella era humana no se llamaba así, había tenido un amor de juventud, con el cual nunca pasó gran cosa, pero como buena humana tenía la habilidad de construir un montón de supuestos que partían de la nada. Nalani no había sido la típica mujer humana, nunca se preocupo por ser buena dueña de choza, ni aprender a criar hijos, ella se llevaba el tiempo aprendiendo a cazar, desollando animales para hacer ropa, leyendo libros de la historia y mitología de Rushu, más otro montón de tareas que no eran propias de una señorita en la cultura humana. Era la mayor de 9 hermanas, todas ellas delicadas como una flor parecían muñecas hechas a mano, tenían la tez bronceada y lisa, ojos grises penetrantes, cabello largo agarrado en cintas y vestidos de frufrú, a Nalani belleza no le faltaba, tenía el pelo color rosa suave y bastante más hermoso que el de sus hermanas, así como su piel también era más clara y estaba adornada por sus ojos de un tono rojizo, su cuerpo era delgado y armónico, su rostro era agradable, pero eso nunca le importó, ella jamás se puso una cinta en el cabello, se lo cortaba hasta los hombros y con un elástico lo mantenía ordenado, vestía pantalones cortos hechos por ella junto con una polera desteñida, le interesaban mucho las armas, pero por ser mujer no se le estaba permitido llegar tan lejos. Nunca pensó en el amor, hasta el día en que estaba cazando un oso para demostrarle a su padre que ella podía ser tan fuerte como un hombre, estaba a punto de lanzar su flecha cuando en frente del oso se apreció un joven, este le daba la espalda a Nalani, el desconocido sacó una especie de daga hecha claramente a mano, diestro con su arma el joven alcanzó los puntos vitales del oso con una rapidez increíble, el oso apenas alcanzó a vociferar un rugido de lamento. La humana sintió que le hervía el rostro de rabia, pero a la vez de admiración, no sabía qué hacer, hace tiempo que no veía un hombre tan diestro con las armas y ella sentía muchos deseos de aprender, pero ahora tendría que buscar otro oso. Para su sorpresa el joven se marchó dejando el cuerpo del oso abandonado, no lo hacía para demostrar algo como ella, el joven estaba entrenando. Con el tiempo Nalani frecuentando aquel bosque supo desde donde venía, ya que se había dedicado a seguirlo, ella creía que era tan buena en esconderse y seguir a las personas que él no lo había notado, se equivocaba. Un día el joven se volteó a la copa del árbol en donde se encontraba Nalani -¿Hasta cuándo vas a seguirme? ¿Te enviaron a matarme? Dijo con voz serena. Ella asombrada y nerviosa intentó bajarse del árbol pero cayó frente a los pies del hombre, “demasiado simbólico” pensó. El joven tenía unos ojos negros y profundos, un cuerpo propio de un guerrero –Pero si no eres más que una chica- Río. Ella furiosa se puso de pie –¿Y eso qué?- Le respondió enfurecida, el joven sonrío y le preguntó cómo se llamaba, ella que había olvidado que quería aprender a utilizar las armas se dio vuelta para marcharse, pero se encontró con otro oso, esta vez mucho más grande que el anterior y estaba sobre sus dos patas, parecía furioso, antes que pudiera moverse el joven se puso en frente y luchó, la victoria era obvia, era demasiado bueno en lo que hacía como para dejar que un oso lo matara, pero aun así el oso le hizo daño en uno de sus brazos, Nalani al recordar lo mucho que admiraba su habilidad corrió a su lado y sacó vendas de su pequeño bolso, y con unas hierbas curó su herida. El joven ni siquiera le dio las gracias, pero hicieron un trato, él le enseñaría “algo” de armas, quedaron de juntarse en dos semanas más, en un árbol que se encontraba cerca del lugar en donde estaban, Nalani esperando ansiosa este día, andaba más torpe y distraída que de costumbre, ella no sabía ni cómo llamarle… los demás si, se llamaba “mal de amores”, dejó de comer y casi no dormía, iba simplemente a sentarse en aquel árbol, ya casi había olvidado el por qué venía. Entonces pasaron las dos semanas, estuvo desde muy temprano instalada a la sombra del árbol, cuando estaba oscureciendo ella decepcionada decidió marcharse, pero oyó una voz:
-Hola- dijo, ella levanto la mirada, el corazón le había dado un vuelto creyó que era aquel joven, su voz era muy parecida, pero no… –Hola- respondió ella indiferente, era un no viviente, se sentó a su lado y dijo llamarse Krenor, él le preguntó su nombre –Llámame cómo quieras- había sido su respuesta. Estuvieron sentados un rato, no fue mucho lo que hablaron, era un ladrón y asesino, Nalani que ya nada le importaba le preguntó si acaso iba a robarla a ella también y río. Al llegar la noche se marchó a su casa, se despidió de aquel muerto viviente y una pena honda se apoderó de su corazón. Ella no sabía el por qué, pero al verlo y recordar al hombre del que estaba enamorada se le habían quitado las ganas de vivir, subió a su cuarto, no saludó ni a su madre ni a sus hermanas, tomó el talismán que ella le había robado a aquel joven y se lo colgó al cuello, era una piedra verdosa semi transparente asida de cueros, con llave se encerró en su cuarto, dio un suspiro y luego tomó una de sus flechas, se la enterró en el cuello… Comenzó por sentir un dolor lejano, ahogándose perdió el conocimiento, en ese momento su padre tocaba la puerta de su cuarto, no respondió, intentó abrir y no pudo, la madre y hermanas alertadas por los gritos del padre subieron a ver qué sucedía, con una fuerza propia de un hombre de esfuerzo botó la puerta, encontró a su hija en un charco de sangre desmayada y pálida como la nieve, las hermanas corrieron dando gritos sólo se quedó la menor; Selene… quién no se movió y seguía observando la escena, ella admiraba su hermana, leía cada libro que ella leía, tomaba cada alimento que ella tomaba, y quería ser como ella al crecer, entonces recordó lo que había leído en uno de los libros secretos.
-Shamet… trae la vida a un muerto - el padre al oír esta frase lanzó un grito a su pequeña hija, pero ya era demasiado tarde, había un bulto oscuro junto ella, el bulto innombrable era uno de los oscuros, este se acercó a humana que tenía una flecha en el cuello, miles de hilos de plata salieron de lo que podrían llamarse manos, envolvieron a la cuasi muerta, una especie de canto doloroso inundaba la casa, el acto de transformación estaba por terminar, arrancando la esencia, los recuerdos y la vida de la humana, su padre no soportó la escena, se lanzó a los miles de hilos de plata y liberó a su hija, pero los hilos lo envolvieron a él.
La humana, ya no humana, despertó en medio de un monte junto al cuerpo de un hombre mayor, iba semi desnuda tapada por una colcha tejida, a su lado habían dos bolsos, tomo sin pensarlo el más pequeño, se sentía confundida ¿Quién era ella? ¿Quién era este hombre? En el bolso había una carta, ropas y comida, junto a este un arco y flechas. Se vistió con las ropas que había en el bolso, eran blancas y le caían a la perfección, se despertó aquel hombre igual de confuso que ella, decidieron separarse. Ella opto llamarse a sí misma Nalani, y de su vida humana sólo recordaba escasamente a aquel joven diestro con las Armas. Nalani era ahora una muerta viviente, pero por la interrupción de su padre ella había quedado medio viva, sentía hambre, frío y amor.
martes 1 de diciembre de 2009
Nalani y Dord
-Cómo es que has tenido una hija si en este lugar no existen los hombres, preguntó Nalani a la enana mientras esta la “preparaba” para su reunión con la Gran Toahi.
-Disculpa querida no tengo idea de lo que me hablas…
-¿Cómo quedaste en cinta?
-Pues como todas las mujeres ¿De qué otra forma?
-Ya…
Nalani no entendía como era que una enana en Lolughet podía dar a la luz a una hija sin haber mediado anteriormente con un hombre.
En el cuarto poco a poco comenzaba a reinar el olor a comida casera. Suavemente Nalani dejó de pensar y estaba ansiosa por probar bocado ¿Cuándo había sido la última vez?... Por lo menos unos cuatro días.
Nalani viajaba sobre su dragón de escamas suaves, en Rushu los dragones eran bastante más pequeños de lo común, por lo cual era muy cómodo tenerlos de monturas. Pero hoy en día era muy difícil que los dragones se dejaran montar, ya que desde que habían aprendido a comunicarse con otras especies, pusieron como condición que ninguno de ellos fuera montado sin permiso. Pero a Dord no parecía molestarle en lo más mínimo. Tranquila, Nalani miraba el paisaje que se extendía, tenía por delante a todo Rushu y el tiempo no era problema para su especie.
Había encontrado a Dord malherido cerca del palacio de los Hojius, seres que en aquel tiempo, habían dominado varías ciudades de Rushu. Nalani venía escapando de los guardias, ya que había asesinado al Mayor de los Hojius, le darían muy buen oro por aquel trabajo y de todas maneras a ella no le gustaban en lo más mínimo aquellos seres.
Estaba a punto de llegar a su caballo cuando se encontró de sorpresa, en medio de los árboles y matorrales con aquel dragón, Dord estaba cubierto de sangre, sobretodo en las alas, Emitía débiles gritos de dolor, y al apreciar el color de sus ojos se dio cuenta que debía ser muy joven, todo su magnífico cuerpo era de tonos azules oscuro y en algunos lugares se podían apreciar manchas moradas. En un acto irreflexivo Nalani dejó sus armas en un arbusto, se sacó las vendas de sus pies y manos para ayudar al dragón, cuando notó que no eran suficientes se sacó las de su rostro y rajó parte de su ropa. En ese momento llegaron los guardias, estos por la oscuridad no notaron los huesos que quedaban al descubierto de Nalani, sólo vieron a una indefensa humana tratando de ayudar a su dragón.
-Disculpe ¿Ha visto pasar a un no viviente? Es muy importante y…Oh! ¿Necesita ayuda?
Ella sorprendida supuso lo que ocurría, cayó en cuenta que no llevaba sus vendas y que se le había soltado el pelo – Necesito hierbas, por favor ayúdenme- y fingió un sollozo. Dos de los guardias se ofrecieron a ayudarle mientras los otros se fueron a seguir con su cometido, Nalani con toda precaución posible se puso tras el dragón y luego de recibir las hierbas les dijo que había escuchado ruidos al otro lado del río. La no viviente procuró darle todos los cuidados posibles al dragón, buscó su caballo y le dio la libertad, que buscara nuevo dueño o que viviera como quisiera. Desde entonces Nalani cuido de Dord tres días seguidos, quien muy agradecido le prometió que jamás se separaría de ella, lo cual no se cumpliría al pie de la letra como descubrirían más adelante.
Años después, un día de invierno al anochecer a Nalani le entraron ganas de visitar Tar Valon, un lugar de viejos recuerdos. El viaje iba muy bien, se sentía ansiosa, pero antes de llegar a la localidad notó algo inusual; muchos guardias estaban controlando la salida y entrada de viajeros, en un acto precavido Nalani procuró dejar a Dord oculto cerca de un lago y ella se subió en la copa de un árbol muy viejo que estaba cerca de la entrada.
Había un guardia que hacía parar a algunos viajeros, en especial a aquellos que entraban, tenía algo en la mano – De seguro un retrato- pensó. Por la distancia no podía escuchar con claridad que cosas preguntaba o decía. En un momento los demás guardias se marcharon del lugar, y dejaron solo al portador del retrato – Que lamentable – dijo con una leve sonrisa que nadie vio.
Se lanzó sobre el guardia, que era mucho más corpulento y fuerte que Nalani, ya que pertenecía a la raza de los Orcos, pero ella diestra con la espada tan solo con un golpe lo hirió de muerte. El hombre cayó y Nalani recogió lo que llevaba, en efecto era un retrato, pero no cualquiera… ¡Era su retrato! Con un soplo de terror se echó a correr mientras llamaba a Dord, la estaban buscando, era cuestión de tiempo, debía ir a un lugar donde los guardias fueran nefastos y ella pudiera perderse entre muchos otros viajeros, entonces esperaría un tiempo y… ¡Kenshis! Es el lugar perfecto- pensó, tomó a Dord y le gritó – ¡Rápido a Kenshis! ¡A Kenshis!
En el viaje no encontraron mayores inconvenientes… hasta que aquel soplo oscuro la separó de su dragón, sus armas, su bolso. Y entonces llegó a Lolughet.
lunes 30 de noviembre de 2009
En ya no tan desconocido Lolughet
Abrió los ojos, y sintió un leve mareo, estaba todo borroso ¿Qué había pasado? Ah! cierto, la niña que no era niña y aquellos latigazos... sangre ¿Realmente había sangrado? Se sobresaltó y se sentó bruscamente ¿Dónde estaba? Otro mareo le vino a la cabeza y volvió a recostarse, no tenía fuerzas, realmente no las tenía. Sintió unos pasos cortos y apresurados, prefirió cerrar los ojos y hacerse la dormida.
-Mírela, mire como la dejo! Pobre mujer, quizás que le dijo a la Gran Toahi para que se pusiera así, imagínese que ni las buenas tardes me dijo, cuando ella siempre ha sido tan educada. – Decía atropellando palabras una voz de mujer madura.
-¿Qué es? Nunca había visto una mujer tan … - Dijo una segunda voz, que sonaba suave casi como un soplo de viento
-Una no viviente pues hijita! Cómo no va a saber, se nota que Ud. nunca fue a tomar clases de Razas con la Maestra Gi-gui , esa si que era buena profesora imagínese que una vez…
- Si, si ya me sé esa historia – La interrumpió la segunda voz- ¿No cree que hay que cambiarle las vendas a esta mujer no vidente?
-No viviente mija’! No viviente! Saliste bien corta del mate! Pero tienes razón, harto asquerosas que tiene esas vendas- Se acercó a Nalani, pero no alcanzó ni a tocarla y la no viviente ya estaba de un salto fuera de las colchas apoyada contra la pared con los ojos deformados de miedo o rabia, quien sabe.
-No me toques! No te atrevas a tocarme! – Grito secamente Nalani- Pero entonces se dio cuenta que estaba desnuda, sólo las escasas vendas que tenía en el rostro, pies, manos y alrededor del torso la cubrían, antes de poder hacer algo, un enorme dolor le recorrió la espalda, recordó los latigazos… un mareo la dominó y cayó inconsciente.
-Ah! Por eso se habrá enojado la señora, esta chiquilla no es nada de fácil – Dijo la enana de voz madura, que estaba vestida con pétalos de lirio y encima un delantal blanco con algunas manchas de la espesa sangre de Nalani – Venga mijita ayúdeme- Las dos enanas arrastraron el cuerpo inconsciente hasta las mantas que estaban estiradas en el suelo, la taparon con las colchas y le pusieron unos pétalos de flor desconocida en las heridas de la espalda.
-Yo no sé que habrá hecho la Señora T. pero llegar a hacer sentirle un dolor tan macabro a una no viviente es algo que sólo pueden lograr algunos, los humanos al ser revividos por el innombrable no pueden volver a sentir dolor, algunos afortunados sienten amor, miedo y esas cosas, pero dolor nunca.
-¿Y por qué? - Pregunto extrañada la enana más joven de rostro tan pacifico como su voz.
- Ah bueno porque el innombrable se lleva muchas cosas de los humanos, no sólo el color de piel, su vida, su nombre, sino que también la facultad de sentir dolor, lo cual al principio todos piensan que es algo bueno y que así van a ser más felices, pero entonces pasa que por no sentir dolor, les cuesta mucho sentir felicidad.
En ese momento Nalani recobró el conocimiento, no tenía vendas ni en la cara ni en otro lugar, sólo en el torso, que era la que le cubría las heridas de la espalda. Pero esta vez no luchó, se dejó cuidar por aquella enana que sonriente le ponía vendas nuevas en las manos y pies. En cambio aquella enana más joven la miraba horrorizada, seguramente por los huesos que se le veían en los brazos y rodillas, pero eso ya no le importaba, sólo quería que le volvieran a cubrir el rostro, que al contrario de lo que normalmente les pasa a los no vivientes, estaba intacto.
Miro a su alrededor, era un cuarto pequeño de paredes de troncos de algún árbol no muy grande, al lado derecho había muy cerca una pared, en la cual colgaba una imagen de una especie de Reina, también de la raza enana. Miró aquella imagen con más detención y descifro entre joyas y ropajes ostentosos a aquella niña que no era niña, Toahi. A su izquierda estaban hincadas sobre unos cojines hechos de ¿Botones de rosa lila? Hablando apresuradamente las enanas, la enana que al parecer era la madre de la otra, pues se parecían bastante, le estaba dando indicaciones de cómo hacer curaciones. Más allá había una puerta no muy alta, y unos muebles de cajones a medio abrir de los cuales sobresalían especie de cintas, brebajes y muchas vendas. Unos pasos firmes se acercaban a la puerta, las enanas se pudieron derechas y procuraban hacer como que trabajaban arduamente en Nalani. Entró sin tocar la puerta otra mujer, de la misma raza, Iba vestida de unas flores azules pequeñas y llevaba un arma en la cintura.
-La Señora Toahi quiere estar a solas con la recién llegada, ¡Salgan!- Dijo duramente la enana que recién había entrando. Madre e hija se levantaron sin hacer el menos reclamo y desaparecieron del cuarto rápidamente. Nalani sintió terror, no tenía armas ni nada con que defenderse, no quería volver a sentir dolor…
-Qué bueno que te has despertado, me preocupabas, pensé que había sido muy dura contigo, aunque te lo merecías yo no suelo ser así – Dijo tranquilamente Toahi. Pero la no viviente no respondió – Nalani, supongo que tienes muchas preguntas, y te las contestaré encantada mientras te comportes, en la tarde te mandaré a llamar y comeremos algo ¿Qué cosa te… - Se interrumpió mirando asombrada el rostro de Nalani, no llevaba vendas y dejaba ver el eterno blanco de su piel- Que cosa más rara yo pensaba que las no vivientes eran sólo huesos y carne podrida en el rostro… ¿Qué decía?
- Me da igual, comeré lo que me des - Dijo con voz grave Nalani.
-Muy bien! – Toahi aplaudió dos veces y entraron las enanas que anteriormente estaban en el cuarto – Ponedle sus ropas y en dos horas mandadla al cuarto de recibimiento, decidle a las cocineras que preparen lo que se les antoje, pónganle las vendas que le faltan y si intenta arrancar ya sabéis que hacer. Diciendo esto se marcho del cuarto junto a su escolta armada.
- Me llamo Tuogo y ella es mi hija Tiha. Ven siéntate para ayudarte a que te vistas y ponerte las vendas que te faltan – Dijo la enana madura sonriente.
(conoce la otra cara de la historia en http://quecreenquecrees.blogspot.com/)
domingo 29 de noviembre de 2009
En el desconocido Lolughet 2
Se sentó en una roca a pensar… Tenía, primero que todo, comprar un mapa, pero no tenía dinero. Por otro lado, se estaba oscureciendo… ¿Dónde pasaría la noche?.
Lolughet era una ciudad en la cual el sexo masculino, al parecer, no existía en ninguna especie (Nalani descubriría pronto por qué). Y algo realmente extraño era que solo hubiera enanas, hoy en día era muy raro que una localidad fuera pura raza.
La ciudad estaba entre montes no muy altos, había un poco de neblina a sus faldas, una neblina rara, ya que de esta parecían brotar millones de mariposas que se alejaban lentamente y luego se convertían en polvo. Nalani miraba extrañada aquella escena.
-Es por la tristeza de la naturaleza- Le dijo un voz diminuta a sus espaldas.
Se sobresaltó, dio media vuelta e hizo el gesto de empuñar su espada, la cual no estaba ahí, La niña se río, era también una enana, aparentaba al menos 10 años, su pelo era colorín y sus rasgos demasiado suaves para su especie.
La niña como adivinándole el pensamiento le dijo:
-Es porque nací del deseo de una humana muy hermosa que murió al darme a luz, y por crecer en Lolughet he adquirido la forma de la raza de aquí. Puedes bajar tu espada imaginaria – le señaló entre risas.
-Ah!... Bueno. ¿Qué quieres?
-¿Es esa forma de hablarle a tu guía?
- ¿Guía? Yo no he contratado ni pedido ningún servició, ¡Márchate!
-Mi nombre es Toahi y el tuyo?
Nanali molesta, dio media vuelta y camino hacia aquella extraña neblina, se dio cuenta que la niña la seguía con rostro impasible. Algo en ella el molestaba, con un poco de miedo se echó a correr entre el espeso bosque, pero los árboles parecían abalanzarse en su contra, hasta que tropezó con una rama ¿O fue detenida? Las ramas se movieron, la agarraron de los pies y la dejaron colgando boca abajo.
-Lo siento –Dijo Toahi- Pero no me gusta perder el tiempo, así que te voy a explicar esto rápido. Soy tu Guía en esta tierra y si te niegas vas a perder tus recuerdos y morir de antiescencia, te sugiero que hagamos esto lo más rápido y ameno posible para ambas.
-¿De qué estás hablando maldita niña malcriada? –Grito molesta Nalani, sus ojos rojos habían adquirido una tonalidad clarísima sólo de la rabia que sentía.
- Si estás aquí es porque te trajo La Gran Madre, y yo soy la matriarca de este lugar, he gobernado aquí por más de tres mil años y no voy a permitir que una jovencita recién llegada venga a tratarme así- Al decir esto unas ramas golpearon la espalda de Nalani, ella las sintió como látigos, caían sobre su cuerpo sin piedad, y pronto recordó ¿Cuándo fue la última vez que había sentido dolor? Una humedad le recorrió el cuello… Sangre ¡Sangre! Pero si su sangre estaba podrida… era imposible… La mujer no viviente perdió el conocimiento.
En el desconocido Lolughet
-Mírala no te parece horrible?
- Pobrecilla quizás que le hicieron, tal vez es una de esas chicas que han sido mancilladas y ocultan su rostro para…
Hasta ahí llegó la conversación de las enanas feriantes, porque Nalani de dio media vuelta y con un puntapié hizo volar el puesto de verduras que ellas con tanto esmero habían arreglado hace unos minutos.
-Lo siento –Dijo Nalani con voz ronca y ojos serenos- No me gusta que hablen de mí.
Era una mujer delgada, de la raza de los humanos muertos que fueron resucitados por aquel ser innombrable, innombrable pues si lo nombras se aparece frente a ti, te resucita, aunque ya estés vivo, luego te quita tu nombre, tu vida y tu esencia, entonces debes comenzar todo de nuevo, algo laborioso y cansador. Pero sigamos con Nalani… iba vestida de blanco, con la ropa ceñida al cuerpo, descalza, en realidad llevaba las manos y pies vendados, se cubría con las mismas vendas el rostro, quedando sólo sus ojos a la vista, que eran de un rojo oscuro e intenso, la frente se la cubría un flequillo mal cortado, el pelo le llegaba hasta la cintura, y era casi tan blanco como su ropa, sólo que algunas veces con los rayos del tercer sol tomaba tonos rosas.
Se encontraba en el pueblo de los enanos, más bien de las enanas, porque al parecer allí no había ningún enano, o macho de cualquier especie, al parecer en esta ciudad no había nada que se acercara a un ser masculino.
-Disculpe, ¿Dónde estoy?
- En Lolughet… - Le respondió una enana que estaba vestida de tulipanes y se encontraba sentada sobre un enorme perro negro (Nalani había apostado que era perra) - ¿Estás perdida querida?
Pero Nalani ya se había ido. Estaba mal humorada, había perdido su montura, su mochila, todo! Incluso aquel pequeño talismán. No recordaba nada de lo sucedido; sólo que cuando se dirigía a Kenshis fue impulsada por ¿Un espíritu gigante y negro? … no, esos no eran comunes por esas tierras, tuvo que haber sido algún glifo sin dueño. En fin, ahora estaba a quilómetros, al menos eso creía pues nunca había escuchado sobre Lolughet. ¡A trabajar! Pensó… ¿En qué? Ya no tenía armas… ¿Cuánto pagarían estas enanas por descubrir que existe otro género?
La decisión estaba tomada, tenía que encontrar algún hombre como diera lugar y traerlo, que le pagaran por verlo y entonces compraría una montura, un mapa… ¿Existirán acá los mapas? Demonios… Habrá que intentarlo se dijo.
(si le interesa vea aquí http://quecreenquecrees.blogspot.com/)
martes 28 de julio de 2009
Olvidé el titulo.
"And it goes fast, you think of the past....
Suddenly everything has changed" (The postal service)
Sabes? estoy asustada. Deje de soñar hace algunos días, y tal vez hoy duerma sin magia otra vez.
Recuerdo aquellos últimos, no tan gratos, pero eran míos. Hoy... hoy no son ni van a ser.
Quería dar un paso al frente. Yo quería crecer. Sin inquietarme, decidí espiar por la rendija, cosas pasaban allá adentro, allá afuera, y yo debo saberlo. No paso nada, nada nada, ni tu ni yo ni ellos, nada paso. Extendí mi cuaderno de recopilaciones a mi admirado señor barbon y canoso, canciones y recuerdos extraídos de mi mente, algunos mal escritos, otros muy inmaduros.
-Ag!! te falta crecer! crecer niñita! me da risa, algo hay algo que tienes, pero es superficial, vano. No tienes talento olvídalo! Eres linda confórmate con eso, linda linda!. - Me dijo molesto sacudiendo su pipa humeante.
Asentí obediente, y tiré a la chimenea mis cuadernos, mis lapices, mis dibujos, y sin querer mi alma que se había enredado en ellos. Los invitados se voltearon sorprendidos, se realizaba una pequeña fiesta en mi casa, era 1900 y algo, no lo recuerdo bien. Todos formales, muy serios, hombres de bigote y mujeres de vestidos castos.
-Señorita, en lugar de molestar, por qué no nos deleita con algo dulce, ah?- Me dijo un hombre mas o menos joven sonriendo.
Me dirigí al piano que ocupaba la esquina del amplio salón, recogí mi vestido y con las manos en el piano no supe que tocar.
-Disculpe, recordé que no sé tocar piano.
Escandalo! escandaloso, no se como me agarraron de mis cintas y de nuevo estaba en mi cuarto, una niña de mi edad, de mi estatus, que no sepa tocar el piano es una blasfemia, pecado, pecado!.
Entro mi ángel a acompañarme, lo saludé con una sonrisa y lo invité a sentarse a mi lado. El nunca me hablaba, pero tampoco había sido descortés, y como yo era la única que lo podía ver no había problema que estuviéramos solos en mi cuarto, aunque sus enormes alas siempre parecían intimidadas por mi pequeño cuarto. A lo lejos una pequeña música, muy suave, imperceptiblemente bella.
Me obsesioné con la idea del brillo extraño que tienen sus ojos, lo recordé en sus dibujos, en sus fotos, en todas sus vidas, lo reconocí sólo por aquel brillo negro, en sus eternos ojos grises.
Dormir, recordé que debo dormir. Sobretodo antes que mi padre se entere de que he olvidado tocar el piano.
Pero sabes?, estoy asustada, asustada de que nos descubran.
domingo 12 de julio de 2009
Lo que no se.
"Quisiera ahora desgajar mi larga rama de palabras y echarlas todas a volar sobre las almas de las almas, y que estallen y que muerdan, y que sus semillas prendan, y que todo sea mejor" Silvio R.
Empezaba el soneto, muy lento, al tiempo que mi piel respondía con una reverencia, cada vello se alzaba, los poros estimulados y un pequeño frío por la piel. Abrí los ojos, la curiosidad a mí también me ha matado un par de veces, descubrí un mundo eterno, sin recovecos, sin sentido. Señoras se paseaban con sus pequeños hijos riendo, hombres sonriendo hacia el cielo, o tal vez hacia las nubes que los saludaban con su gris blancura. La canción continuaba.
Caí en un sueño profundo, sin darme cuenta, perdí conciencia de vivir, perdí el sentido de pensar en mis propios pensamientos y dormí. Al estar en una negrura inmensa sin pensar en ella, recordé el dolor que me había estado quemando uno de mis brazos, algo corría por mi sangre, eso estaba claro.
En medio de mi obscuridad reconocí una cara, era la de mi madre, claro que con el cabello mucho más morado, y el rostro mucho más feliz. Estábamos en una casa, en la parte más baja de una casa inmensa y muy antigua, la casa donde existí en mi anterior vida, esta vez soñé o viví aquello que me mato anteriormente, un esposo despiadado, sin preocupación por mi hija, y por su puesto la amante de mi esposo cortándome el cabello con locura. La canción volvió a su tono.
Eso realmente no fue lo que me mató, lo que me mató fue que aquellos chicos amantes del Führer entraron a mi casa, descubrieron mi escondite, y bueno... la negrura volvió. Claro que yo había tratado de escapar de ellos cuando me encontraron, baje por un hoyo que daba a una escalera y caí en la parte mas baja de la casa, sin luz, y ahí quedé atrapada.
Mi madre me sonrió, Estas aquí de nuevo, me dijo, y comenzó a hablarme de sus amantes, de sus risas, de su felicidad, me ayudo a arreglar la casa, la pintamos, cambiamos maderas, pusimos velas para que la negrura no fuera tan negra. Cuando habíamos terminado, me asomé por la ventana, estaba todo sin tiempo, congelado, nadie en las calles llenas de neblina. Mi hermosa, lila y feliz madre me paso una especie de negativo con un pequeño agujero en el medio. Mira, me dijo, esto te muestra como realmente son o fueron las cosas. Mire, y no creí nada de lo que aquel negativo en blanco negro me mostraba, ángeles preocupados detrás de personas, personas invisibles lamentándose, o a veces, simplemente un montón de almas enloquecidas.
La canción desapareció, con ella mi madre, mi negrura, mi casa.
Y con mucha pena desperté.
martes 23 de junio de 2009
Trotter Mac-Namara.
Solo quería dejar claro que soy una mujer felizmente enamorada.
Y que no soltaría a este hombre ni loca!, de estos.. pocos quedan.
Da lo mismo que no seas perfecto, porque eres perfecto para una Nik.
Soy una mujer completa a tu lado. Siento que soy persona, soy idea e ideal. Contigo... soy yo. Me daría mucha pena que por esas malas vueltas de la vida dejáramos de estar juntos. Porque eres mi mejor amigo... y mi pareja ideal. Gracias por existir, y gracias por compartir tu esencia conmigo. Me has dado el regalo que nunca creí recibir... Amar y respetar mis defectos, mis locuras, mis caras por las mañanas y entender mis momentos de mujer enojada. También me has enseñado a crecer. A respetar a los demás... a respetarme a mi misma. Eres todo lo que necesito.
Cuando pequeña hice una lista. Dije; "Jamas me enamoraré de un hombre, nunca!, a menos que tenga estas características:........ e hice una lista interminable de condiciones". Y aquí estas tú, sonriéndome siendo un niño inocente y un hombre a la vez. Cumpliendo cada uno de mis tontos y obsesivos requerimientos.
Se me olvidaba... Feliz 1 año y casi dos meses ^^
Fin.
jueves 28 de mayo de 2009
Paso dos
Estaba intranquilo, hace rato que andaba perdido, no creí que el camino al café de la constelación 3247 fuera tan largo y confuso. De todas maneras ya había perdido mi entrevista de trabajo, llevaba más de una protrecientahora atrasado.
Pasé un susto de los grandes, sin saber por qué, al ingresar al bosque me vino un hambre increíble, necesitaba comer, pero no cualquier cosa, necesitaba comer árboles, estaban por doquier, corrí a todos lados buscando alguno que tuviera ramas bajas, no encontré. Tropecé con muchas raíces indistinguibles, después de un rato me quedé dormido profundamente sobre un montículo de tierra que había en medio de la nada, bueno mejor dicho, en medio del todo. Me desperté por unas risitas pequeñas, asustado me encontré con un grupo de gnomos jóvenes, incluso diría yo que muy niños. Me habían reemplazado todas las costuras de mi terno por hilos de pasto sufipou (pasto enormemente largo). Y adornado con pequeñas piedrecitas brillantes, todas de color azul. Uno me susurro que aquello me protegería.
Y extrañamente desperté por segunda vez, Los gnomos habían desaparecido, al igual que mi hambre de madera. Busque en mi maletín, tampoco estaban mis cosas, para mi sorpresa, estaba repleto de diminutos calcetines.
Camine por la orilla de un río, tratando de seguir las indicaciones que había leído en mi mapa, que para variar estaba perdido. Mi reloj avanzaba muy lento, incluso ya no se burlaba de mi. Quería voltear, estaba seguro que me seguían o al menos me observaban. Los peces del pequeño río me deseaban una buena casi tarde, me pregunto por qué estaban tan felices.
La recordé, de nuevo pensé en ella, ¿Qué estaría haciendo ella ahora?, tal vez ni siquiera viviera en este mundo ya. Habían pasado muchos años.
Tropecé con una raíz enorme, le pedí disculpas al tímido roble que parecía caer hacía el río, no me respondió, por supuesto si los robles no hablan, menos con un hombre como yo. Trate de fijarme mejor donde pisaba, entonces pude divisar una pequeña luz azul, ahí estaba, no me falta mucho para llegar, por fin!.
